Blade Runner es
una película de 1982 dirigida por Ridley Scott, inspirada en la
novela "¿Sueñan los Androides con Ovejas Eléctricas?" de
Philip K. Dick, autor a su vez de obras que inspiraron conocidas
películas como Desafío Total (1990), Minority Report (2002),
Paycheck (2003) o Next (2007).
En Blade Runner,
Ridley Scott combinó numerosos elementos de la ciencia ficción y
del cine negro para crear esta obra de culto, gran exponente del
cyberpunk.
Argumento:
En el año 2019,
Rick Deckard es contratado como Blade Runner para "retirar" (nótense las comillas) varios modelos de Nexus-6 que se han rebelado. Los Nexus-6 son
humanos creados artificialmente con propósitos laborales (esto es:
explotarlos en labores de construcción, prostitución...) diseñados
para durar 4 años y después morir. Los Nexus, con el tiempo, toman
conciencia de sí mismos: ya no quieren morir. Tienen recuerdos,
deseos, aspiraciones. Quieren una vida, y van a luchar por ella, a
cualquier precio.
Elementos de
inteligencia artificial:
Empezaremos
por el interfaz de Esper, que permite a Deckard navegar por las 3 dimensiones a lo
largo de una fotografía, como si de un videojuego se tratara, sólo
con la voz. El único elemento de inteligencia artificial que se da
aquí es el reconocimiento de voz, que reconoce comandos predefinidos
muy sencillos: arriba, abajo, tal cuadrante... Esto en la actualidad
es posible (aunque no lo es el sistema de fotografía de un entorno
en 3D), y de hecho se ha avanzado mucho más en este aspecto:
A lo largo de la
película vemos también a los juguetes de J F Sebastian. No pueden
considerarse inteligencia artificial, ya que se limitan a repetir la
misma frase una y otra vez como simples autómatas, o muñecos de
cuerda. Si bien su robótica es razonablemente sofisticada para lo
que se conoce hoy en día (pueden andar sin problemas), no son
inteligentes en absoluto.
También
podemos ver numerosos animales robóticos. Esto sí representa
inteligencia artificial, ya que, aunque no se puede ver en la
película, el libro sí se hace eco de la importancia de estos
animales, diseñados para actuar exactamente como los animales a los
que imitan. Se necesita, por tanto, un nivel importante de inteligencia artificial para emular con precisión los comportamientos de un pájaro que puede asustarse cuando ocurre algo imprevisto, que vuela como un búho normal...
El verdadero
elemento a estudiar, sin embargo, son los replicantes, los Nexus 6.
No se parecen al resto de inteligencias examinadas en este blog hasta
ahora, ya que, a diferencia de ellos, los Nexus son seres orgánicos,
de carne y hueso. Sin embargo, han sido creados sin memoria y sin
recuerdos, algo más fuertes que el resto de humanos, para dedicarlos
al trabajo. Queda bastante claro que esto a día de hoy es totalmente
imposible, y probablemente siempre lo sea. La ingeniería genética
no está ni mucho menos preparada para crear individuos adultos de la
nada con una fecha de caducidad, y tampoco lo está la robótica para
diseñar máquinas capaces de moverse y funcionar como un ser humano.
La inteligencia artificial aún está lejos de crear una máquina que
pueda superar el test de Turing (hacerse pasar por un humano en una
conversación). De hecho, en la película se plantea otro test, de
empatía (o prueba de Voight-Kampff), para medir evaluando las
respuestas, si el sujeto entrevistado es un androide o no. Con el
paso del tiempo, el conjunto de experiencias y memorias que adquieren
hacen que los androides tomen conciencia de sí mismos, llegando a
experimentar el miedo a la muerte, a plantearse su condición en el
mundo.
El Dilema:
Toda la película
nos lleva a plantarnos una cuestión: cuáles son los límites de lo
humano. ¿Qué diferencia a un replicante (que parece humano, que
siente como un humano, y que vive como un humano) de un ser humano?
Más allá de su fecha de caducidad y de su falta de recuerdos, los
replicantes y los seres humanos son prácticamente indistinguibles.
No en vano, la preciosa Rachael es un replicante con recuerdos que el
test de Voight-Kampff a duras penas reconoció como tal en la
película. En resumen, podría decirse que una inteligencia
artificial que toma conciencia de sí misma, a pesar de no ser
“humana”, puede sufrir como tal. Esto implica que una
inteligencia que tome conciencia de sí misma, por ejemplo, no
debería ser usada para el trabajo como una herramienta, ya que eso
podría considerarse esclavitud, llegando a alienar a dicho
individuo. Cabe, por último, reflexionar sobre si estos reparos que
ahora sentimos hacia la esclavitud de las máquinas, serían
distintos si los replicantes no tuvieran forma humana.
La ciencia no está preparada para estos casos, pero muy probablemente, nosotros tampoco lo estemos. Sólo nos queda, por lo tanto, disfrutar de esta interesante película y sumergirnos en los duros debates que en ella se plantean.


Bien el contenido, pero el diseño de colores sigue confundiendo y hace muy difícil ver qué es un enlace y qué no
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